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Los beneficios de comer pan congelado, según una nutricionista: "Estás beneficiando a tu microbiota"

¡Quién nos iba a decir que ese gesto tan habitual en muchos hogares de congelar el pan que sobra tendría grandes beneficios para nuestra salud! Así lo asegura una nutricionista muy famosa en redes, Bea Gonfer, que explica los motivos de lo mucho mejor que es comer pan congelado frente a pan fresco.

Las reacciones químicas del proceso de congelación

Obviamente no nos referimos a comer el pan tal y como sale del congelador, ¡no nos hemos vuelto locos!, sino a consumirlo descongelado o tostado después de haber estado a temperaturas bajo cero. ¿Y por qué? Bea lo explica: “Estás alimentando de una forma muy sana a las bacterias de tu intestino”. Es decir, en el proceso de congelado sucede la magia. La harina de trigo está compuesta de en torno a un 80% de almidón, y cuando cuando congelamos el pan, ese almidón se retrograda, tal como explica la experta. ¿Qué es retrogradarse? Cambiar de estructura. El almidón deja de ser almidón y “se convierte en una especie de fibra que tu intestino no es capaz de absorber por completo”. 

La fibra viaja por nuestro intestino y, cuando llega al colon, las bacterias que se alojan en él sí son capaces de digerirlo. De este modo, fabrican butirato, “que es un compuesto esencial para la salud digestiva”. Si alimentamos a esas bacterias ‘buenas’ de nuestro sistema digestivo vamos a reforzar la función barrera del intestino y a promover una buena salud no solo digestiva, sino integral.

Prebióticos y probióticos: ¿para qué sirve cada uno?

Seguro que has oído hablar de ambos. Mientras que los probióticos son microorganismos vivos que sirven para mantener o mejorar nuestra microbiota, los prebióticos son el alimento para esa microbiota (lo que conocemos como bacterias buenas). Por ejemplo, cuando una persona se tiene que someter a un tratamiento antibiótico muy agresivo o prolongado, es habitual que el mismo médico que le ha recetado el antibiótico le recomiende tomar probióticos, ya que el medicamento que ataca a las bacterias malas también se carga las buenas. Y es que la salud de nuestro intestino es mucho más importante de lo que nos puede parecer a primera vista.

Los prebióticos están presentes en los alimentos ricos en fibra: cereales integrales, fruta como el kiwi o la naranja, vegetales como los espárragos o las espinacas…

La importancia de una buena salud digestiva

Una microbiota en forma suele ser sinónimo de una buena salud digestiva. Más allá de la acidez, los gases o los reflujos, un aparato digestivo saludable influye en el resto de nuestro organismo… y de nuestro equilibrio psíquico. No en vano, al intestino los científicos lo conocen como “el segundo cerebro”, ya que, después de este, es el segundo órgano con mayor número de neuronas.

Si nuestro intestino funciona bien, vamos a aprovechar mejor los nutrientes, con todo lo que eso conlleva; vamos a combatir mejor las enfermedades infecciosas (el 70% de tu sistema inmune está en el intestino) y a mejorar nuestra salud mental (el conocido como eje-intestino cerebro, una comunicación bidireccional entre ambos órganos que hace que un intestino sano influya en un cerebro sano y viceversa). También nos protege de enfermedades crónicas, como la diabetes o diversas dolencias cardiovasculares.

Así que fíjate en todo lo que consigues consumiendo pan congelado. “Y si encima el pan es integral y lo acompañas de aguacate, aceite de oliva, tomate, hummus…, ¡ya haces pleno!”, concluye la experta. Pues ya lo sabes: a partir de ahora, el pan, ¡al congelador!

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