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Coping, la técnica perfecta para aliviar el estrés y la ansiedad

Nos encantaría eliminar la palabra “estrés” de nuestro vocabulario, pero lo cierto es que para muchos es casi inevitable que aparezca en determinadas ocasiones, si no es que lo sufrimos en el día a día. Para hacerle frente y reducirlo al máximo cada persona busca sus propias estrategias. En psicología se habla de coping para referirse a esas técnicas capaces de aliviar el estrés y la ansiedad que nos permiten afrontar esa reacción natural de nuestro cuerpo. Algunas son efectivas y otras no tanto. Descubre cuáles son y cómo puedes elegir las que realmente te ayuden a bajar revoluciones para vivir más tranquila. 

¿Qué es el coping para la psicología?

Como decimos, el concepto de coping se utiliza en psicología para hablar de las diferentes estrategias o mecanismo que adopta una persona para afrontar y gestionar el estrés que aparece en la vida cotidiana. Por lo general, el estrés aparece cuando nos encontramos con responsabilidades o retos que sentimos que no podemos abarcar con los recursos que tenemos. Entonces llega el momento de hacerle frente, no solo al problema que tenemos, sino también al estrés que nos causa. 

La respuesta de nuestro cuerpo para buscar estrategias que mitiguen el estrés no tiene por qué ser siempre eficaz. Son mecanismos que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida y pueden ser acertados, pero no necesariamente. Por eso conviene revisar cuál es nuestro tipo de coping habitual ante las situaciones que nos generan estrés para confirmar que realmente nos están ayudando y, si no es así, probar opciones diferentes.

Es decir, el coping no es bueno ni malo, es solo la forma en la que nuestro cuerpo decide actuar. Ahora bien, podemos lograr que realmente nos ayude a resolver el problema y a no tomar caminos que nos generen más estrés. 

Coping disfuncional

Dentro del coping disfuncional se incluyen aquellas técnicas y estrategias que pueden lograr aliviar el estrés de manera inmediata, pero que no son eficaces a largo plazo y, en ocasiones, pueden hacer que el estrés aumente y el riesgo sea el aislamiento social o tener problemas de salud. En psicología se distinguen tres tipos de coping disfuncional habituales: 

La evitación

Consiste en evitar el problema que nos está causando estrés sin afrontarlo de manera directa. Cuando esta técnica se convierte en una forma habitual de responder ante las situaciones que nos estresan podemos terminar siendo ineficaces de manera crónica ante los eventos estresantes y para la resolución de problemas. 

Consumo de sustancias

Es más habitual de lo que parece recurrir al consumo de alcohol y otras sustancias para aliviar de manera inmediata el estrés que nos produce una situación. El alivio temporal puede conseguirse, pero el riesgo de caer en cualquier tipo de adicción es grande, sobre todo si el motivo de sentir estrés se prolonga en el tiempo. 

Pensar en el problema

Si a cualquiera de las dos técnicas anteriores se le suma el pensar de manera obsesiva en el problema, estamos cada vez más lejos de una resolución eficaz del estrés. Es lógico pensar en aquello que nos preocupa, pero hacerlo en bucle y con una actitud negativa solo conseguirá que aumenten el estrés y la ansiedad.

Coping adaptativo

En la otra cara de la moneda se encuentra el coping adaptativo. Es decir, aquellas técnicas adquiridas, muchas veces con la ayuda de una terapia psicológica, que nos ayude a desarrollar estrategias saludables para afrontar el estrés y las situaciones de crisis. El coping adaptativo puede darse de manera natural cuando somos capaces de pedir ayuda cuando lo necesitamos, o somos capaces de desahogarnos, hablando o llorando, con una persona de confianza. Además, hay algunas técnicas que puedes poner en práctica cuando sientas que el estrés te acecha y que forman parte de este coping adaptativo. Estas son de las más eficaces, así que toma buena nota de ellas:

  • Clasifica tus problemas: no todo lo que nos causa estrés es igual de importante. Y a veces un gran problema puede dividirse en varios más pequeños que sean más sencillos de afrontar. Así que divide y prioriza para que aquello que te estresa se vuelva más manejable. 
  • Busca soluciones: en lugar de caer en pensamientos negativos acerca de tus problemas, piensa y pide consejo si es necesario para darle una solución activa y real a aquello que te preocupa. 
  • Pon límites: aprender a decir “no” es un gran reto para muchas personas y, al mismo tiempo, no poner límites a nuestro alrededor es una de las principales causas de estrés. 
  • Aprende a pedir ayuda: podría parecer que pedir ayuda es un signo de debilidad y eso impide que algunas personas lo hagan. Asume que necesitas el apoyo de otros, ya sean amigos, familiares o compañeros de trabajo y busca su ayuda cuando la necesites.

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